No es lo habitual, pero alguna vez puede pasarte que al abrir un vino notes que ya no se encuentra en buenas condiciones de consumo. El vino es un alimento y, como tal, si la conservación es mala se puede contaminar. Hoy les vamos a comentar algunos de los defectos olfativos de los vinos.

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1. Huele a pipí de gato. Por lo general quiere decir que la uva no estaba bastante madura al momento de su recolección. Es el olor característico de la variedad Sauvignon Blanc cuando es recolectada sin madurar.

2. Huele a vinagre. Se produce por la existencia de una bacteria aeróbica llamada acetobacter, que transforma el alcohol en vinagre por un exceso de oxígeno. También puede oler como acetona. Más información en nuestro post sobre vinos ‘picados’.

3. Huele a manzana podrida. El vino se ha oxidado. Esto quiere decir que la conservación no fue adecuada y el vino estuvo en contacto con el oxígeno demasiado tiempo.

4. Huele a corcho. El vino se contaminó por la molécula TCA. Es algo poco habitual, ya que afecta entre el 3% y el 5% de las botellas. Más información en nuestro post sobre ‘tapón de corcho vs. rosca’.

5. Huele a polvo o a cartón. Esto puede ocurrir si el vino se conservó mal. Por ejemplo, si el vino estuvo expuesto a la luz o se guardó en una caja de cartón húmeda que le transmitió su olor.

6. Huele a huevo podrido o a gas. Sucede cuando las levaduras, por falta de aire, producen un compuesto sulfuroso llamado ‘mercaptano’. En ocasiones se puede arreglar decantando el vino para que respire.

7. Huele a sudor o a trapo sucio. El vino ha sido contaminado por Brettanomyces o ‘bretts’ durante la crianza. El origen de estas bacterias tiene que ver con el metabolismo de las levaduras.

8. Huele a col o a cebolla podrida. Es lo menos malo de todo, porque el vino se puede recuperar aireándolo, pues este olor se produce por la falta de oxígeno. Se conoce comunmente como olor de ‘reducción’. Se trata de ‘mercaptano’ de baja intensidad.

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