La Denominación de Origen Ribera del Duero realizó la cata titulada ‘El origen de una gran idea’, en el marco de ‘Madrid Fusión 2017’, en la que presentó vinos históricos que constataron la enorme calidad de esta región vitivinícola española, una de las más prestigiosas del mundo.

La cata más esperada de Madrid Fusión es, sin duda alguna, la que organiza el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero. En esta edición de 2017 contó con la conducción de dos grandes sumilleres españoles, que han conquistado los sitios más altos de la profesión como Guillermo Cruz y Silvia García Guijarro. El primero es el sumiller del restaurante Mugaritz (Errentería), del reconocido chef Andoni Luis Aduriz y la segunda del restaurante Kabuki (Madrid), del laureado chef Ricardo Sanz.

Ambos hicieron una espectacular selección de vinos históricos, que recorrieron las añadas de 1982 a 1996. Se trata de auténticas rarezas imposibles de encontrar en el mercado. Esta selección obedece a la voluntad de contar las raíces de esta denominación y su historia a través de la producción de sus casi 35 años de existencia, amén de poder demostrar la magnífica evolución de los vinos de Ribera.

La cata fue presentada por Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero. He aquí los vinos catados y algunas notas de cata propias, junto con las realizadas por Cruz y García. En palabras de Guillermo Cruz, “solamente los grandes vinos son capaces de trascender al tiempo y saben enseñar la tierra de donde vienen”.

Dehesa de los Canónigos Gran Reserva 2001. Vino de una de las bodegas familiares más reputadas de la denominación, fundada en 1989 y encabezada actualmente por los hermanos Belén e Iván Sanz. Se trata de un vino hecho a partir de las variedades tempranillo, cabernet sauvignon y albillo, con una crianza de 32 meses en roble americano y 36 meses en barrica.

Comentó Cruz que se trata de la única ocasión que esta bodega ha producido un Gran Reserva, con la particularidad de haberlo complementado con una uva blanca como la albillo para dar una punta floral y de perfume que lo afina aún más, si cabe. Procedente de una añada excepcional, con una estupenda acidez y una nariz de frutas negras y rojas, es una muestra de que estos vinos pueden envejecer de una forma maravillosa.

Alenza Reserva 1996. Monovarietal de tempranillo, con 30 meses en barrica.  Elaborado por la bodega Condado de Haza, fundada por Alejandro Fernández, una de las figuras más emblemáticas de la D.O., que ha llevado el nombre de la misma por todo el mundo. Silvia García apuntó que llama la atención su nariz frutal, pero también las notas de tabaco que atestiguan el tiempo de crianza, así como algunos especiados e incluso balsámicos. Un vino complejo, maduro, al que todavía le queda camino por delante. “Seguirá creando historia”, puntualizó.

Arzuaga Gran Reserva 1996. Un vino hecho a partir de tinto fino (90%), cabernet sauvignon (8%) y merlot (2%), con 24 meses de crianza en roble francés y roble americano. Destacó Cruz su nariz con fruta sobremadura, especias, dulces, regaliz y algunas notas de evolución; en boca es un vino más fresco y es precisamente allí “donde se crece y se hace grande”.

Viña Pedrosa Gran Reserva 1994. Tinta del país (90%) y cabernet sauvignon (10%), con 24 meses de barrica y 36 meses de botella. Vino con mucha tipicidad de la zona de Burgos, de los preferidos de Silvia García. Una nariz con notas ahumadas, especiadas, con recuerdos de chocolate; en boca resalta por su acidez. De acuerdo con García este vino tiene una década por delante todavía, con una “madurez elegante”.

Pago de Carraovejas Autor 1991. Vino elaborado con tinta del país (85%) y cabernet sauvignon (15%), con 12 meses en barrica de roble francés y americano. Se trata de la primera añada de esta bodega reconocida mundialmente. Percibimos notas especiadas, aunque tiene una nariz más bien discreta y elegante; en boca destaca por su fruta, especias y magnífica acidez. Es un vino que ha madurado de forma extraordinaria. De acuerdo con Cruz, en sus primeros años esta bodega no utilizaba demasiada barrica y buscaba mayor frescura en su vinos.

Heredad de Peñaloza Crianza 1990. Monovarietal de tempranillo con 14 meses en barrica, producido por una bodega familiar, cuya historia data del siglo XIV. Notas frutales, tostados muy tenues, algo de evolución; en boca recuerdos de fresa madura, pimienta y mucha frescura.

Protos Gran Reserva 1989. Vino 100% tempranillo, con crianza de 24 meses en roble francés (80%) y americano (20%); 36 meses en botella. Nariz sumamente expresiva, frutal, fresca; en boca fresco, muy frutoso, extraordinaria evolución, elegancia y finura.

Gran Callejo Gran Reserva 1989. Monovarietal de tempranillo, con crianza de 24 meses en barrica y guardado en bodega 5 años antes de su comercialización. Nariz que denota el paso del tiempo: tostados, ahumados; en boca muy parecido, ahumado con alguna fruta negra, buena acidez bien integrada, que le ha permitido evolucionar bien.

Torremilanos Reserva 1985. 100% tempranillo con 24 meses en barricas de roble francés. Bodega con una filosofía de mínima intervención en la elaboración del vino, para respetar al máximo las características de la variedad y del terruño. En nariz notas de evolución, ahumados; boca con excelente acidez, tostados integrados y algunos recuerdos balsámicos. Memorable.

Valsotillo Gran Reserva 1985. 100% tempranillo con crianza de 30 meses en barricas de roble americano. Nariz con aromas de sotobosque, mentolados, especiados; en boca buena acidez, taninos presentes pero muy pulidos. Una auténtica “joya enológica”, como bien la ha descrito Silvia García.

Millenium Reserva 1996. Monovarietal de tempranillo, embotellado en Magnum, con crianza de 24 meses en barricas. Elaborado por Alejandro Fernández en la bodega Pesquera, con motivo de celebrar el cambio de milenio. Para Cruz es el mejor vino hecho por Fernández. Han pasado 21 años y es un vino con una nariz llena de sorpresas, fruta negra, compleja; en boca emociona, es fresco y frutal, con un largo recorrido por delante, aunque ya muestra su poderío y potencial.

Felicidades a la D.O. Ribera del Duero por esta maravillosa cata, de la mano de Guillermo Cruz y Silvia García. Un año más ha superado todas las expectativas.

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